Cinco linajes, origen de las 400.000 especies de flores

¿Quién podría decir que las flores son un error, y mucho menos un «error abominable»? Pues eso pensaba Charles Darwin. Darwin no era alérgico al polen, sino a los cabos sueltos. No sabía cómo cuadrar la súbita irrupción de las plantas con flores en su teoría general de la evolución de las especies. Nadie lo sabe aún. Pero en las Universidades de Florida y de Austin (Texas), han desarrollado unas técnicas de análisis filogenético mediante las que empezamos a comprender el «big-bang» de las flores. De acuerdo con la sabiduría fósil convencional, el musgo fue la primera especie vegetal en aparecer sobre la Tierra, hace unos 425 millones de años. Le siguieron los helechos, los gingkos, los abetos, las coníferas en general y otras variedades que se reproducen asexualmente en el gametofito que se desarrolla dentro de las esporas lanzadas al aire.

Reproducción

Mucho más sofisticado es el mecanismo reproductor de las plantas con flores, con todo el primoroso proceso de la polinización, la fecundación y la fructificación alrededor de la semilla. Durante mucho tiempo se dio por sentado que esta innovación natural, las flores, no surgió hasta hace 130 millones de años, y surgió de repente, por las buenas y sin explicación. Sin evidencias fósiles de «enlace» entre unas plantas y otras.

Si el enigma de las flores ha durado tanto tiempo, algo pueden tener que ver las limitaciones empíricas de la misma paleontología. El fósil físico de una flor es bastante menos tangible que el de un dinosaurio. De ahí que la historia floral no levantara cabeza hasta que la ciencia no fue capaz de manejar fósiles mucho más sutiles: los fósiles químicos. Así se pudo empezar a determinar que las plantas con flores pudieron haberse desarrollado en realidad mucho antes de lo que se creía, hace más de 250 millones de años.

En las Universidades de Florida y Texas se han lanzado con renovada audacia por el sendero de la indagación bioquímica. El resultado son dos estudios complementarios. En ellos se infiere que las cerca de 400.000 especies de plantas florales actualmente existentes proceden de cinco grandes linajes que se desarrollaron a una velocidad de vértigo, en unos 5 millones de años. Los dos linajes principales, el de las monocotiledóneas (que comprende las hierbas de hoja estrecha, los cereales, los tulipanes, las orquídeas…) y el de las eudicotiledóneas (donde se incluyen desde los girasoles hasta las plantas de los tomates) mantienen todavía entre sí un parentesco mucho más estrecho que con ninguna otra especie. También podría haber una posible madre común de todas las flores: la amborella, un arbusto muy grande que se mantiene eternamente verde, que alcanza 8 metros como mucho, que suele encontrarse en el sotobosque de suelos húmedos, a ente 200 y 1000 metros de altitud. Y que actualmente forma parte del grupo de especies vegetales amenazadas de extinción.

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